Primeros años

Famille Grialou: Fernande (G), Marie (C: Mère d'Henri), Henri (D) Angèle (G), Berthe (D)

Familia Grialou:
Fernande (G), Marie (C: Madre de Henri), Henri (D)
Angèle (G), Berthe (D)

Enrique es el tercer hijo de una familia que conoce la gran rudeza de la vida que se forja en la atmósfera social de la cuenca minera de Cransac. La región se distingue también por la vitalidad cristiana y misionera. Por ser huérfano de padre a los 10 años, Enrique puede seguir su escolaridad, de forma gratuita, con los Padres del Espíritu Santo en Suse (Italia) y en Langogne (Lozère-Francia). Termina sus estudios en Graves (Aveyron) antes de entrar en el Seminario Mayor de Rodez en 1911.

“A nuestra edad no estamos acostumbrados a organizar y a gestionar diferentes formas de vida, nos precipitamos con el corazón pleno del amor de Dios. En el Seminario hay que hacer acopio de fuerza, de valor… encender en nuestros corazones un hogar de amor que nada pueda apagar.” (Carta a un amigo seminarista, 1911)

 

1914-1918: la guerra, dura, terrible, salvaje

Guerre 1914-18, dans les tranchées

Guerra 1914-18, en las trincheras

Interrumpe su formación sacerdotal con la incorporación voluntaria al ejército en 1913. Al servicio militar le sucede la guerra, durante 5 años. Enrique Grialou toma parte en las principales campañas del conflicto: en Argonne, en Verdún, en el Camino de las Damas…. En 1919, vuelve al Seminario de Rodez.

“La guerra es dura, terrible, salvaje sin ninguna duda: impone grandes fatigas (…). Sin embargo, por la noche, después de la batalla, uno se reencuentra con el hombre y sobre todo con el cristiano y es entonces cuando más se sufre escuchando los gritos de los pobres heridos o los estertores de los agonizantes.” (Carta a un amigo seminarista, 1914)

 

1920: la imperativa llamada al Carmelo

Au Carmel

En el Carmelo

La noche del 13 de diciembre de 1920, estando de retiro antes de su ordenación como subdiácono, Enrique lee una pequeña biografía de San Juan de la Cruz. El libro le parece “insípido” pero, en ese momento, se sintió atrapado por una iluminación repentina e imperiosa: Dios le quiere en el Carmelo. Frente a esta llamada irresistible se le presentan numerosas oposiciones: Su director espiritual: “¡Está usted loco!”; su Obispo: “¡Se va usted a poner en manos del P. Vabre para la misión de la Diócesis!”; su madre a la que amaba con locura: “Puedes marcharte, estaré muerta antes de que vuelvas a Capdenac (norte del Aveyron). Me habré suicidado.”

“Tú sabes todo lo que he esperado sabiendo la pena que te causaba. Pero esta llamada de Dios se me ha hecho cada vez más clara. Yo también he llorado pensando en el sacrificio que te imponía pero ya no puedo resistirme más a la voluntad de Dios tan claramente manifestada”. (Carta a su madre, 15 de febrero de 1922)

 

1922: sacerdote para la eternidad

El 4 de febrero de 1922, Enrique Grialou es ordenado sacerdote:

“Soy sacerdote. ¡Sacerdote para la eternidad! Estas palabras me bastan para mi meditación. Sigo repitiéndolas, aún hoy hasta la saciedad, extrayendo de ellas una felicidad renovada”.

En el Carmelo

PME carme

 

Entra en los Carmelitas de Avon (Fontainebleau) el 24 de febrero de 1922 y recibe el nombre de María Eugenio del Niño Jesús. Después del noviciado, participa activamente en las predicaciones que acompañan a la beatificación y canonización de Teresa de Lisieux (1923/1925) y a la proclamación de San Juan de la Cruz como Doctor de la Iglesia (1926).

Se entrega plenamente a este apostolado, contribuyendo así a la renovación multiforme que se está produciendo en Francia en el período de entre-guerras.

 

 

Una vida para la Iglesia

Su nombramiento en 1928 como Prior del “Petit Castelet” (Tarascon), viene a interrumpir su intensa actividad. Al año siguiente, tres jóvenes mujeres que dirigen un colegio privado en Marsella, vienen a pedirle consejo sobre cómo orientar sus vidas. De este primer encuentro nacerá, algunos años más tarde una nueva familia espiritual: Nuestra-Señora de la Vida.

Père Marie-Eugène et Marie Pila

Nombrado Prior en Agen (1932-1936) y en Monte-Carlo (1936-1937), fue enseguida nombrado Miembro del Consejo General de la Orden en Roma donde permanecerá hasta 1955 (salvo durante la guerra de 1939 a 1945). Se le encarga principalmente que se ocupe de los Carmelos francófonos.

Sin abandonar el desarrollo del Instituto Nuestra-Señora de la Vida, continúa con sus actividades predicadoras que desembocarán en la redacción de su obra maestra: “Quiero ver a Dios” (1948-1951).

Al mismo tiempo que se desplaza por Francia y viaja por el extranjero, el P. María Eugenio sigue muy de cerca los fuertes cambios de la post-guerra y las nuevas iniciativas de apostolado que la Iglesia está tomando.

De vuelta a Francia en 1955, es nombrado Provincial (1957-1960 y 1963-1967). Recibe con alegría las enseñanzas del Concilio Vaticano II, enseñanzas que quiere dar a conocer y poner en marcha con todas sus fuerzas.

Asumiendo hasta el final sus deberes en la Orden, entra en la Vida el 27 de marzo de 1967, Lunes de Pascua, día que él había establecido para celebrar Nuestra Señora de la Vida.