Laicos consagrados

Al igual que los sacerdotes y las laicas consagradas, los laicos consagrados de Nuestra Señora de la Vida, llamados también “Hijos de Nuestra Señora de la Vida”, quieren unir la acción y la contemplación en su vida profesional, social y eclesial, según el carisma común a las tres ramas.

Jean-Christian DHAVERNAS, laico consagrado: “TODO PARA DIOS, EN EL MUNDO”

¿Dar su vida a Dios?  Esto también se puede hacer en otros ámbitos que no sean el de los religiosos o sacerdotes. Jean-Christian DHAVERNAS, laico consagrado en el Instituto Nuestra Señora de la Vida, profundiza sobre algunos aspectos de su vocación.

“Laico consagrado”: no estamos acostumbrados a ver estas dos palabras juntas. Y, sin embargo, la expresión resume muy bien la vocación común a todos los miembros de los Institutos Seculares: ¡100% laicos, 100% consagrados!

100% laicos, quiere decir que asumen plenamente la vocación y la misión de cualquier laico ya que, su llamada a la santidad la realizan dentro de la sociedad y en sus múltiples ambientes. Por su presencia orante y su actividad, están llamados a transformar, desde el interior, cualquier realidad temporal.

100% consagrados también, porque se comprometen por los “votos de obediencia, pobreza y castidad”. Es decir, que responden a una llamada específica de Jesús, a seguirle, viviendo como Él, los consejos evangélicos, característicos de toda vida consagrada.

 

Hervé, nos dice algunas palabras:

“Al entrar en Nuestra Señora de la Vida, no podía imaginar todas las riquezas humanas y espirituales que iba a descubrir allí. En primer lugar, claro, el encuentro con Nuestro Señor y con la Virgen María. Pero, también el conocimiento de tantos hermanos y hermanas, llegados de todas partes del mundo, atraídos por la misma gracia y animados por el mismo deseo de hacer la voluntad de Dios”

“Evidentemente, esta vida en comunidad no se logra sin algún rechinar de dientes…pero, al lado de las pequeñas contrariedades, tan normales y pasajeras, nunca he dejado de sentir, en lo más profundo de mí, la alegría de formar parte de una familia espiritual y humana”.

“Con la ayuda de Nuestro Señor, intento vivir mi fe y mi presencia ante los demás, lo mejor que puedo. Tengo que aceptar lo que, a veces, parecerían atentados contra mi libertad…pero, en cada ocasión, el Señor me ha permitido comprender que era para crecer humanamente y espiritualmente”.

”Así que, una vez más, doy gracias a aquel 9 de agosto de 1985 en que encontré a Dios en la Colina de Taizé….¡No le buscaba…vino Él a llamar a mi puerta…!

UNA VOCACIÓN ORIGINAL EN LA IGLESIA

A grandes rasgos, la vocación de los laicos consagrados de “Nuestra Señora de la Vida” puede caracterizarse en 4 puntos.

Los Hijos de Nuestra Señora de la Vida son:

  • Plenamente consagrados a Dios al hacer profesión de los consejos evangélicos (castidad, pobreza y obediencia)  
  • Plenamente laicos en una vida normal dentro del mundo por el ejercicio de su profesión y participando en las diversas actividades ligadas a su inserción.
  • Arraigados en el espíritu del Carmelo y vida de oración (dos horas diarias de oración)
  • Participando en la misión de la Iglesia, dentro del mundo y desde el mundo.

UNA FORMACIÓN ADAPTADA

«Estáis aquí para forjaros almas en las que Dios tiene que ser la fuerza, la luz, la vida…Nuestro objetivo es que toméis conciencia de “lo absoluto de Dios” para que entre en vuestras vidas y os acostumbréis, desde el principio, a darle todo”. 

Beato María-Eugenio (04/11/1966)

  La formación inicial dura dos años y se desarrolla en Venasque, en el sudeste de Francia.

Consiste principalmente en adquirir la ciencia práctica de la oración, en profundizar en el conocimiento de los textos de la Sagrada Escritura y del Magisterio de la Iglesia, y en nutrirse de la espiritualidad de los Santos del Carmelo.

Los miembros del Instituto, a través de las pequeñas cosas de lo cotidiano, se acostumbran a vivir en presencia de Dios, a ponerse a la escucha del Espíritu Santo y estar disponibles a su acción. El ritmo de cada día contribuye, concretamente, a este aprendizaje.

En el transcurso de esos dos años, los miembros del Instituto Nuestra Señora de la Vida, se comprometen a una entrega total por los votos de castidad, de pobreza y de obediencia.

Todos ellos tienen 6 años de discernimiento antes de tomar los votos definitivos.

UNA VIDA EN MEDIO DEL MUNDO

La mayoría de los “Hijos de Nuestra Señora de la Vida” tienen una actividad profesional en diferentes sectores de empresas privadas o públicas: industria, obras públicas, médico-social, enseñanza, función pública y diplomática, editoriales, artesanía….

Viven solos o en pequeños grupos, sin signos aparentes de su consagración.

En el caso en el que compartan alojamiento, su modo de vida se asemeja más al de una familia que al de una comunidad, dejando a cada uno la responsabilidad de encontrar su propio ritmo para cumplir con las exigencias de su vocación. Por ejemplo, un director tendrá un ritmo diferente de un profesor o de un funcionario…

El testimonio de vida y las sencillas ocasiones permitirán desvelar progresivamente el núcleo de esta particular llamada a la vida consagrada: para Dios y para los hombres.

No consideréis vuestro trabajo de apostolado como el de un obrero que trabaja durante 8 horas y que después, vuelve a su casa y descansa. Vuestra casa, vuestro hogar, está también fuera de casa. Vuestro campo de trabajo no es puramente material, es también un campo espiritual y…es ahí…donde se está vuestro deber de estado”. 

(Beato María-Eugenio del Niño Jesús)

REZAR CADA DÍA 

Cada uno tiene que organizarse para tener la Eucaristía dentro de su jornada y consagrar dos horas diarias a la oración. Todos participan en la Liturgia de las Horas de la Iglesia, rezando el oficio de la mañana (Laudes) y la oración al final del día (Completas).

UN GRUPO DE VIDA FRATERNA

Estén donde estén, los miembros del Instituto, se esfuerzan por tener una estrecha relación con su responsable y por desarrollar relaciones fraternas con el resto de miembros de la rama masculina. Para mantener un equilibrio de vida y la fecundidad de su apostolado, vuelven periódicamente a una casa de espiritualidad que es como su hogar familiar.

Anualmente, hacen un retiro espiritual de, al menos, 3 semanas consecutivas y, en general, este retiro será vivido en comunidad.

Actualmente,  son 30 miembros repartidos en varios países en tres continentes.  

UN POCO DE HISTORIA

En 1947, un grupo de jóvenes comprometidos, en una importante obra para la juventud, en la Diócesis de Burdeos  y,  casi todos ellos trabajando en la enseñanza, tuvieron un encuentro con el Padre María-Eugenio. Buscaban cómo entregarse totalmente a Dios, sin ser sacerdotes, sino simplemente laicos.

Desde el año 1962, los que se convertirán en los primeros integrantes de la rama masculina laica, pasarán varios meses, por turnos, en la propiedad de Nuestra Señora de la Vida, en Venasque, para hacer “un año de soledad”, un año retirados de sus actividades. Será la primera etapa de su compromiso para la vida consagrada.

Pero hasta el año 1967, no se organizaría la formación para los jóvenes que deseaban unirse a ese primer grupo. En 1973, la rama masculina laica llegará a ser de “Derecho Pontificio” formando, junto con las otras dos ramas – la femenina y la sacerdotal – un único Instituto con 3 ramas autónomas.