Laicas consagradas

UNA VOCACIÓN GENUINA EN LA IGLESIA

Las laicas consagradas, al igual que los sacerdotes y que los laicos consagrados, unen “Acción y Contemplación” en su vida profesional, social y eclesial, de acuerdo al carisma común a las 3 ramas.

La vocación de las laicas consagradas de Nuestra Señora de la Vida se define en torno a 4 grandes ejes:

  • Los miembros están plenamente consagrados a Dios por la profesión de los consejos evangélicos (castidad, pobreza y obediencia)
  • Son plenamente laicas, ejerciendo una profesión dentro del mundo y compartiendo las mismas condiciones de vida ordinaria que sus contemporáneos.
  • Su vida espiritual está arraigada en el Espíritu del Carmelo y en la vida de oración.
  • Están implicadas en  diferentes tareas de evangelización, comprometiéndose en el servicio de la Iglesia en la catequesis, grupos de oración, movimientos para jóvenes…

UNA FORMACIÓN ADAPTADA

La formación inicial dura dos años y se desarrolla en Venasque (Francia), en Encanto (Filipinas) o en Amanalco (Méjico).

Consiste, principalmente, en adquirir la ciencia práctica de la oración, en profundizar en el conocimiento de los textos de las Sagradas Escrituras y de la enseñanza de la Iglesia y a nutrirse de la espiritualidad de los Santos del Carmelo.

Los miembros se acostumbran a vivir en presencia de Dios y a ponerse a disposición y  escucha del Espíritu Santo a través de las sencillas realidades de lo cotidiano. El ritmo de cada jornada contribuye concretamente a esta formación.

“Estáis aquí para forjaros almas en las que Dios sea su fuerza, su luz, su vida…Nuestro objetivo es haceros tomar conciencia de “lo absoluto de Dios” para dejarle entrar en vuestra vida y habituaros a darle todo desde el primer momento”.

Padre Maria-Eugenio (04/11/1966)

Al término de esos dos años, los miembros se comprometen con el Instituto Nuestra Señora de la Vida con una entrega total mediante los votos de castidad, de pobreza y de obediencia.

Hay 6 años de formación y discernimiento antes de pronunciar los votos perpetuos. En el momento de la profesión perpetua, se hace la promesa de humildad.

UNA VIDA EN EL MUNDO

INSERCIÓN PROFESIONAL

La mayoría de los miembros de Nuestra Señora de la Vida tienen una actividad profesional en los distintos sectores privados o públicos: empresarial, médico-social, enseñanza, administración…

Los miembros viven solos o en pequeños grupos sin signos aparentes de su consagración. En los casos en los que comparten alojamiento, su modo de vida se asemeja más al de una familia que al de una comunidad, permitiendo a cada uno la responsabilidad de seguir su propio ritmo en la realización de las exigencias de su vocación. Una persona de empresa tendrá un ritmo diferente de un profesor.

Lo que permite desvelar progresivamente el sentimiento de esta particular llamada a la vida consagrada para Dios y para los hombres, es el testimonio de vida y los sencillos momentos y ocasiones cotidianos.

“En la actualidad, el gran método para la misión es el testimonio de alguien fascinado por Dios, y que por sus actitudes por sus palabras, deja ver a Dios.” (Padre María-Eugenio)

“En la actualidad, el gran método para la misión es el testimonio de alguien fascinado por Dios, y que por sus actitudes por sus palabras, deja ver a Dios.”

Padre María-Eugenio

UNA VIDA ANIMADA POR LA ORACIÓN DE CADA DÍA…

Cada una se organiza su jornada de manera que le permita asistir diariamente a la Eucarístia y se compromete a consagrar dos horas diarias a la oración. Se rezan también, el oficio de la mañana (Laudes) y el oficio de la noche (Completas) para así participar en la Liturgia de las Horas de la Iglesia.

… Y ACOMPAÑADA POR LA VIDA FRATERNA

Estén donde estén, cada una se esfuerza por permanecer en contacto con su Responsable y por relacionarse con los otros miembros de la rama femenina.

Para consolidar el equilibrio de su vida y de la fecundidad de su apostolado, acuden regularmente a una “casa de retiro” que es como su hogar familiar. Estas estancias se hacen cada año durante, por lo menos, tres semanas consecutivas, normalmente vividas en común.

Cada 12 años, aproximadamente, cada miembro deja sus ocupaciones profesionales y de apostolado activo para vivir un año sabático, consagrándose totalmente a la búsqueda de Dios en la oración, en el silencio, en la soledad y con el apoyo de la vida fraterna.

Los miembros de la rama femenina son aproximadamente 600 repartidos en países de  4 continentes.