Instituto Secular Nuestra Señora de la Vida

En la gran familia del Carmelo, el Instituto “Nuestra Señora de la Vida” es un Instituto Secular.

El 21 de noviembre de 1973, la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y para las Sociedades de Vida Apostólica, reconoce a NUESTRA SEÑORA de la VIDA como un único Instituto constituido por sacerdotes y por hombres y mujeres consagrados.

El Instituto está constituido por 3 ramas autónomas:

  • Rama femenina laica
  • Rama masculina laica
  • Rama sacerdotal

Cada una de las 3 ramas tiene sus propias Constituciones y está dirigida por un/a Responsable, un/a Asistente y un Consejo.

Un Consejo Superior constituido por los Responsables de las 3 ramas aseguran la unidad y la fidelidad al Espíritu de Nuestra Señora de la Vida.

En la Iglesia

En la Iglesia hay más de 184 Institutos Seculares que agrupan unos 32352 miembros (estadísticas de 2018).

UNA NUEVA VOCACIÓN

Los Institutos Seculares ofrecen una nueva forma de seguir a Cristo, proponiendo a sus miembros una plena consagración a Dios sin abandonar su vida ordinaria en el mundo. Con la creación de esta nueva Constitución de 1947, la Iglesia confirma la importancia de esta genuina vocación para la evangelización de nuestro tiempo.

“Vuestra vida expresa esta profunda necesidad de una síntesis que es la afirmación simultánea de dos características:

  1. La plena consagración de la vida según los consejos evangélicos
  2. La plena responsabilidad de una presencia y de una acción transformadora dentro del mundo para modelarlo, para perfeccionarlo y para santificarlo”.

(Pablo VI, el 2 de febrero de 1972)

 

UNA MISIÓN EN LA IGLESIA

“Por medio de una vida perfectamente y enteramente consagrada a la santificación del mundo, los miembros de los institutos seculares participan en la tarea de evangelización de la Iglesia, en el mundo y desde el mundo mismo donde su presencia obra a la manera de un fermento. Su testimonio de vida cristiana mira a ordenar según Dios las realidades temporales y a penetrar el mundo con la fuerza del Evangelio.” (Catecismo de la Iglesia Católica n° 929)

« Sois en la historia, signo de una Iglesia amiga de los hombres. »

(Juan Pablo II, 1 de febrero de 1997,
50º aniversario de la Provida Mater Ecclesia)

“Anunciad la belleza de Dios y de su creación. A ejemplo de Cristo, sed obedientes por amor, hombres y mujeres de mansedumbre y misericordia, capaces de recorrer los caminos del mundo haciendo sólo el bien. En el centro de vuestra vida poned las Bienaventuranzas, contradiciendo la lógica humana, para manifestar una confianza incondicional en Dios, que quiere que el hombre sea feliz. La Iglesia os necesita también a vosotros para cumplir plenamente su misión. Sed semilla de santidad arrojada a manos llenas en los surcos de la historia. Enraizados en la acción gratuita y eficaz con que el Espíritu del Señor está guiando las vicisitudes humanas, dad frutos de fe auténtica, escribiendo con vuestra vida y con vuestro testimonio parábolas de esperanza, escribiéndolas con las obras sugeridas por la “creatividad de la caridad.”

(Benedicto XVI, 3 febrero 2007, 60º aniversario Provida Mater Ecclesia)

“Vuestra vocación consiste en estar en el mundo asumiendo todos sus pesos y anhelos, con una visión humana que coincida cada vez más con la divina, de donde brota un compromiso original, peculiar, fundado en la conciencia de que Dios escribe su historia de salvación en la trama de las vicisitudes de nuestra historia.” +Tarcisio Card. Bertone, Secretario de Estado, 18.07.2012

EL 10 DE MAYO DE 2014, EL PAPA FRANCISCO DIRIGIÓ UN DISCURSO A LA CONFERENCIA ITALIANA DE INSTITUTOS SECULARES DICIENDO:

¡Conozco y aprecio vuestra vocación! Es una de las formas más recientes reconocidas y aprobadas por la Iglesia y tal vez por esto no todavía plenamente comprendida. No os desaniméis. Formáis parte de esa Iglesia pobre y en salida con la que yo sueño. (…)

Vuestra vocación es una vocación en salida por naturaleza, no sólo porque os lleva hacia el otro, sino también y sobre todo porque os pide habitar donde habita cada hombre.(…)

Sois como antenas listas para acoger las semillas de novedad suscitadas por el Espíritu Santo y podéis ayudar a la comunidad eclesial a hacer suya esta mirada de bien y encontrar nuevos y valientes caminos para llegar a todos. Pobres entre los pobres pero con el corazón ardiente. Nunca quietos, siempre en camino. Juntos y enviados, también cuando estáis solos, porque la consagración hace de vosotros un destello vivo de Iglesia. Siempre en camino con esa virtud que es una virtud peregrina: la alegría”.